16 de marzo de 2007

Juego Libertador en Toluca

Debido a que el Estadio Azteca aún tenía un partido de veto en la CONMEBOL, América buscó una sede alternativa. Se decidió por la ciudad de Toluca. Agradecido por esta decisión, ya que yo laboro en Toluca, durante la hora de comida salí de mi oficina para darme una vuelta al Nemesio Diez para preguntar si ya estaban a la venta los boletos. Me encontré con que ya había gente formada a la espera de que se abrieran las taquillas a las dos de la tarde.

En la cola me tope con dos chavos americanistas delante de mí, y detrás un señor ya entrado en la tercera edad. Más adelante una señora y demás gente con intenciones de comprar boletos. Pero en la banqueta de enfrente un grupo de 6 a 10 personas se empezaban a agrupar sospechosamente, todos se saludaban con chiflidos y choque de manos, todos los formados en el momento supimos quienes eran, la reventa.

A las 2 pm se abrieron las taquillas, en ese momento los revendedores desaparecieron. De pronto, varios estaban ya hasta delante de la fila, empujándose para comprar en la taquilla. Pasó media hora y la fila no se movía, donde estaba yo, a 20 metros tal vez, sólo se veía un montón de gente en la ventanilla de la taquilla. La fila no avanzaba. Poco a poco los revendedores salían con bonches de boletos. Cuarenta minutos después de la apertura, la gente de la fila comenzó a molestarse, gritos de “Fórmense”, “no se metan” y dos tres recordatorios familiares comenzaron a escucharse. Los revendedores (que iban y venían de diferentes taquillas) solamente reían.

Poco a poco la gente empezó a adquirir sus boletos, una persona de la fila pasaba entre empujones y compraba dos o tres boletos, luego 4 o 5 revendedores aparecían y salían con otro bonche. Poco a poco los ánimos comenzaban a calentarse, más gritos y un poco de más empujones. La gente de la fila, los “normales” como empezaban a llamarse, exigían a las personas de las taquillas que ya no le vendieran a los revendedores, ellas, dos mujeres, sólo reían y decían que sólo le vendían a las personas que vieran en la taquilla.

Gente de al final de la fila comenzó a meterse hasta delante, poco a poco se estaban organizado como cuatro diferentes filas, hasta los revendedores armaron la suya. Quién sabe cómo, la gente de la fila original logró el control de una taquilla. La gente de hasta delante se separó en dos grupos, los que compraban sus boletos y otros tres que formaban una especie de valla para que no se metiera nadie, y así empezamos a avanzar por ahí de las tres y media de la tarde. El de atrás se ponía en la valla y cuando avanzaba la fila y le tocaba su turno compraba su boleto y se quitaba, entonces, gente de atrás de la fila le tocaba su turno en la valla hasta que la fila avanzara hasta donde él estaba originalmente, y así, poco a poco la gente se organizó. Fue así que por fin me tocó llegar a la ventanilla, después de hacer valla claro está, y comprar mis boletos. Me despedí de mis nuevos colegas, los chavos de adelante, y me retire a mi trabajo.

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